La fiabilidad ante todo: el coste del tiempo de inactividad

En la actual economía de conexión permanente, el acceso a la información es el motor de las operaciones comerciales del mundo y las expectativas son las mismas: resiliencia, fiabilidad y rendimiento sin interrupciones.

La fiabilidad no es solo una preferencia operativa. Es el criterio que define la gestión de la información y la estrategia de seguridad modernas. Los estudios muestran que los líderes en TI priorizan de forma mayoritaria la fiabilidad sobre todos los demás factores a la hora de planificar nuevas redes de cables y suministro de almacenamiento de datos, con un 86 por ciento que afirma que es su factor de decisión prioritario. Esto sitúa el tiempo de actividad por encima de consideraciones como la facilidad de integración y la simplicidad operativa, mientras que solo un tres por ciento cita el coste como factor primario en la toma de decisiones.

Este planteamiento refleja una realidad básica. Aunque las industrias invierten grandes sumas en mejorar las prácticas de ingeniería, en la eficiencia de las infraestructuras y en sofisticadas herramientas de supervisión, las consecuencias del tiempo de inactividad digital siguen siendo graves. El tiempo de inactividad no es un simple contratiempo: resulta caro, perturbador y, en muchos casos, afecta al prestigio. Como la infraestructura digital sustenta los procesos de negocio críticos, la tolerancia frente a las interrupciones nunca había sido tan baja.

El impacto económico: lo que cuesta realmente el tiempo de inactividad

El tiempo de inactividad digital siempre ha tenido un coste, pero hoy en día estos costes se incrementan rápidamente. Un estudio realizado en 2024 por Oxford Economics estimó los costes del tiempo de inactividad en una organización en un promedio de 9000 dólares por minuto o en la impresionante cifra de 540 000 dólares por cada hora que los sistemas están desconectados. Entre las empresas de Forbes Global 2000 (una clasificación de las empresas cotizadas más grandes del mundo en función de las ventas, los beneficios, los activos y la capitalización bursátil), estos minutos acumulan un impacto estimado de cerca de 400 mil millones de dólares al año, unas pérdidas anuales de 200 millones de dólares en promedio por cada empresa.

La pérdida de ingresos suele ser la consecuencia más visible e inmediata de una interrupción del servicio digital, pero representa solo una parte de las repercusiones económicas. Los costes directos se siguen acumulando tiempo después de que los sistemas vuelvan a estar en línea. Las organizaciones absorben los gastos vinculados a penalizaciones por contratos de nivel de servicio, acciones administrativas, obligaciones legales y de conciliación, y recuperación del nivel operativo. Además de estos, empiezan a emerger costes a largo plazo. Recuperar la confianza del cliente requiere un esfuerzo constante en las campañas de marca, las comunicaciones con los inversores y las medidas para tranquilizar a las partes interesadas. Estas actividades no siempre están detalladas formalmente en relación con una interrupción, aunque sean una consecuencia directa de la interrupción del servicio y puedan influir materialmente en el rendimiento económico global.

Como la infraestructura digital es cada vez más compleja y está más profundamente integrada en los servicios esenciales, las consecuencias de cualquier interrupción pueden agravarse con rapidez, con independencia de dónde se origine el fallo. En todos los sectores se observa una tendencia clara. La fiabilidad y el tiempo de actividad son prioritarios. Esto significa que la infraestructura de cableado que distribuye la energía y los datos tiene que ofrecer tanto rendimiento como cumplimiento.

Centros de datos: el punto más alto de la cadena de alimentación de la información

En el nivel más alto, se sitúan los centros de datos. Tanto si se trata de recursos en las propias instalaciones, un sitio en el borde de la red o un centro de datos a gran escala gestionado por uno de los gigantes tecnológicos, el principio es el mismo en todos los puntos. Tiempo de actividad significa disponibilidad. Energía y datos significan conectividad.

Si consideramos un centro de datos fuera de las propias instalaciones (en ubicación compartida, sitios gestionados o campus de gran tamaño), la buena noticia es que las interrupciones se están reduciendo tanto en frecuencia como en gravedad, una tendencia confirmada durante varios años en los informes del Uptime Institute. Esta mejora es especialmente notable dado el rápido crecimiento global en capacidad de los centros de datos.

La disponibilidad de los centros de datos suele expresarse en porcentajes, con compromisos de tiempo de actividad medidos en incrementos del 99 por ciento. Estas cifras pueden parecer pequeñas, pero durante un año completo se traducen en períodos reales de tiempo de inactividad no planificado. Cada decimal adicional refleja un paso significativo en el aumento de la resiliencia:

  • 99 por ciento, unos 3,65 días
  • 99,9 por ciento, poco menos de 9 horas
  • 99,99 por ciento, menos de 1 hora
  • 99,999 por ciento, unos 5 minutos

En todo caso, los números no deberían invitar a la complacencia. Aunque haya menos incidentes importantes, el tiempo de inactividad sigue siendo un suceso de alto impacto. La amplitud y la interconectividad crecientes de las operaciones digitales implican que, cuando se producen interrupciones, estas siguen paralizando servicios críticos y pueden acarrear consecuencias importantes en el plano financiero y el operativo.

Las causas del tiempo de inactividad digital y la mitigación de riesgos

Hay que tener en cuenta muchos aspectos para mantener la seguridad y la disponibilidad de la información. El seguimiento de las causas profundas del tiempo de inactividad digital muestra que las interrupciones no suelen estar provocadas por un solo problema. Los fallos relacionados con la energía y los fallos de refrigeración se destacan, particularmente porque la mayor densidad de los rack plantean mayores exigencias sobre los sistemas de tratamiento térmico. En un instante, pueden dejar los sistemas fuera de línea, parar líneas de producción y suspender las operaciones.

Los ciberataques se han convertido en otra fuente significativa de interrupciones, con incidentes de ransomware que cada vez tienen mayor capacidad para dejar fuera de línea los servicios críticos. Las dependencias de software y sistemas de terceros también pueden implicar vulnerabilidades, especialmente si se producen fallos o errores de configuración en la parte anterior al propio centro de datos.

Las presiones externas añaden más complejidad. Las limitaciones de la red local de suministro, los fenómenos meteorológicos extremos, los incidentes en el proveedor de la red y la inestabilidad geopolítica pueden afectar a la disponibilidad de maneras que no siempre podemos controlar.

Lo que sí podemos controlar es la fiabilidad de los cables que conectan la red. Cada componente es importante, cada conexión desempeña un papel relevante. Tanto si está instalando una sala de servidores de oficina o forma parte de un equipo que construye un sitio web de crisis a gran escala para varios clientes, lo que importa es mitigar el riesgo. Aquí es donde Eland Cables desempeña su papel, suministrando cables de energía y datos con calidad y cumplimiento comprobados por The Cable Lab.

Un fallo prematuro, un mantenimiento no planificado, incluso un simple rendimiento inferior al esperado son algo que hay que evitar. Cuando el tiempo de actividad se mide en centésimas de porcentaje y puede acarrear costes tan elevados, la fiabilidad es, sin duda, la cualidad más valorada.

 

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